Declaración Solidaria de los Obispos de Kansas Sobre Refugiados e Inmigración

27 de febrero de 2017

En recientes años nuestra Nación ha experimentado dolorosos actos de violencia y terrorismo. Después de los ataques del 9/11 (11 septiembre, 2001) sobre el Centro de Comercio Mundial (World Trade Center), está claro que hay personas fuera como también dentro de nuestras fronteras que nos quieren hacer daño. Realmente, la mayoría de los actos terroristas cometidos en los Estados Unidos son por personas que son de este país. Esta historia reciente claramente revela una necesidad inmediata de proteger a nuestros ciudadanos.

Es una responsabilidad importante de nuestro Presidente y de los líderes del gobierno proteger la seguridad del pueblo americano.  Es razonable que la nueva Administración conduzca una revista de los procedimientos corrientes de conducir una verificación de antecedentes de refugiados, especialmente de naciones donde la inquietud e inestabilidad doméstica hace difícil conducir verificaciones de antecedentes dignos de confianza. Sin embargo, nuestra respuesta a los males del pasado y del presente también debe esforzarse para ser consistente con nuestros profundos valores apreciados americanos de dar la bienvenida a los refugiados y a los inmigrantes que son parte del mero tejido de nuestra historia e identidad nacional. 

Mientras reconocemos que es esencial que medidas prudentes sean tomadas para proteger la seguridad de los ciudadanos americanos, no podemos quedarnos indiferentes a la situación de los refugiados, muchos de ellos, niños, que salen de sus países destrozados por la guerra, carteles de drogas, señores guerreros que construyen ejércitos compuestos de niños y otras condiciones horríficas. Aún una detención temporal de nuestros programas para refugiados pueden poner en riesgo a muchas vidas inocentes. Es por eso, el porqué es obligatorio que la Administración ponga en lugar, tan pronto posible, un mejor proceso para conducir verificaciones de antecedentes que proteja la seguridad de los ciudadanos americanos mientras que al mismo tiempo sea compasiva y generosa en dar la bienvenida a los refugiados de los meros lugares donde sus vidas están en más riesgo.

En cuanto a nuestras leyes migratorias, hay un consenso amplio donde inmigrantes indocumentados que son miembros de pandillas, que están envueltos en los carteles de drogas y/o que son criminales violentos deben ser deportados. Sin embargo, no es correcto o justo caracterizar a la mayoría de los inmigrantes indocumentados como criminales violentos. Una deportación en masa de la gran mayoría de los inmigrantes indocumentados, que trabajan duro y contribuyen positivamente a la sociedad americana, resultaría en caos e inquietud en nuestras comunidades como también una pesadilla de derechos humanos con familias separadas, niños separados de sus padres y jóvenes expulsados de la única nación que han conocido. 

Nosotros apoyamos medidas que aseguren nuestras fronteras, paren la creciente de drogas ilegales y protejan la seguridad de ciudadanos americanos. También aplaudimos los esfuerzos de reforma de las leyes migratorias para mejor servir a ciudadanos e inmigrantes por igual. Al mismo tiempo, le pedimos al Presidente que aclare, como recientes declaraciones parecen implicar, que no es su intención de aumentar las deportaciones de inmigrantes indocumentados que son buenos trabajadores y que no han cometido serios crímenes. Nosotros urgimos al Presidente y al Congreso que ejerzan su liderazgo, además de asegurar nuestras fronteras, a desarrollar leyes migratorias generosas y prudentes que acomodan como sea posible a individuos que deseen ganar la ciudadanía o trabajar legalmente en nuestro país. 

Estamos deseosos de asistir a la Administración con la colocación de los refugiados y dar la bienvenida a los inmigrantes. El Arzobispo José H. Gómez de Los Angeles, Vice Presidente la Conferencia de los Obispos Católicos de los Estados Unidos, refleja la inquietud de muchos de los obispos de nuestra nación en su declaración que "nuestra misión cristiana está clara - somos llamados a escuchar el llanto del pobre y somos llamados a abrir nuestras puertas al extranjero que toca, y ver el rostro de Cristo que viene a nosotros en el inmigrante y el refugiado." 

Reverendísimo Joseph F. Naumann
Arzobispo de Kansas City en Kansas

Reverendísimo John B. Brungardt
Obispo de Dodge City

Reverendísimo Edward J. Weisenburger
Obispo de Salina

Reverendísimo Carl A. Kemme
Obispo de Wichita