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La fecha del 23 de febrero, 2014 en la iglesia de Santa María en Salina de las 12:00- 5:00 se tendrá la conferencia del comité diocesano llamado Administradores de la Esperanza (Stewards of Hope).

Este comité ha desarrollado el plan diocesano llamado Stewards of Hope. Y el siguiente año 2014 es el año que fue designado para implementar todos los aspectos del Plan Diocesano. Este día se celebrará la culminación del plan con esta conferencia diocesana.  Después les mandaré más detalles. . .

¿Qué es correcto o mal?

San Augustine nos dice que es Dios, no nosotros, quien determina eso!

¿Qué es lo correcto o lo malo?

Este es el cuarto en la serie de artículos por el Obispo Weisenburger en “las cinco llagas de secularización” que fueron publicadas durante el “año de fe”. Por el Obispo Edward Weisenburger

"Realmente nos hiciste para ti, O Dios, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti." — St. Augustine

Esta cita es una de mis favoritas. Fue dicha por uno de nuestros grandes santos.  Viviendo en el fin del cuarto y comienzo del quinto siglo, San Augustine fue una luz brillante en los albores de la edad media.  Su madre Santa Mónica, fue una fiel católica  pero San Augustine creció en una manera que pudiéramos describir hoy totalmente secular.

Realmente, él parecía tener poco interés en la fe y religión de su madre.  Él fue bendecido con una superior educación y tenía los elementos para una carera lucrativa, numerosos amigos y bastantes contactos políticos para adelantarse en la vida pública.  Le gustaban las cosas más finas en la vida y como muchos en su época vivió con una mujer fuera del matrimonio con quien engendró a un hijo.

Y sin embargo, a pesar de todas las bendiciones de su vida, había una inquietud bajo la superficie de la vida que pudiéramos describir como una falta de significado, propósito o cumplimiento.  Desemejante a muchos de nosotros, la conversión de San Augustine fue casi espontáneamente. Además, fue solo en su encuentro con Jesucristo  que San Augustine por fin descubrió la alegría, el cumplimento, el propósito y el significado de la vida que él deseaba.

Pero junto con la alegría en conocer a Jesús, Augustine descubrió que no tenía otra opción más de inclinar su voluntad hacia al Señor Resucitado en su forma de vida, ética, y enseñanza moral.  Augustine llego a conocer que no era para él determinar que es de lo bueno o de lo malo, verdad o falso, afirmando  la santidad o prejudicial para  la vida espiritual. No, todo esto está determinado por Dios--- dado a nosotros.

En realidad, Augustine concluye que la humanidad será frustrada e incumplida hasta que abrase al Cristo resucitado y luego se esfuerce para vivir su evangelio de amor.

Al desarrollarse el resto de su vida, Augustine encontraría numerosas dificultades y obstáculos que encontraríamos difícil a imaginar. Sin embargo nada eso pudo sacudir su fe y alegría.

Llego a ser obispo de Hippo en áfrica donde fielmente guió y sirvió a multitudes. Sus escrituras han ayudado a convertir a millones. Pero el corazón de su conversión y  la experiencia de Dios es la verdad simple y perdurable:

Fuimos creados para Dios

No hay sustituto       

Y nuestros corazones están inquietos

Hasta que descansan en Dios

Yo creo que la historia de San Augustine resuena con muchos de nosotros.  Vemos a muchos en el mundo perseguir las cosas que prometen sentido sólo para descubrir que no pueden satisfacernos. Además  nuestra cultura secular hace una de dos cosas con Dios. La primera opción afirma que no hay Dios, diciéndonos que formemos nuestros propios valores, significado y ética. La segunda opción es de hace al Dios de Jesucristo un amigo benévolo para hacernos sentir bien y que aprueba todo lo que queremos, sólo para descubrir en la última instancia que decepciona.

 

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La Llaga del Derecho

Register- Bishop’s Article SP. 1-10-14

La Llaga del Derecho: debemos reconocer que somos humildes mayordomos de todo lo que tenemos.

Este es el quinto y último de una serie de artículos sobre las "cinco llagas de secularización", o cinco maneras que el mundo nos rodea y puede herir la esperanza de lo que Dios quiere compartir con nosotros.

Por Obispo Edward Weisenburger

"¿Qué tienes que no hayas recibido?" (1 Corintios 4:7)

La llaga final de nuestra cultura es el creciente conocimiento del derecho. Muchos creen que tal vez sea el más insidioso de todos los ataques a nuestra vida de fe.

De hecho, antes de ir más lejos, debo notar que cuando muchas personas escuchan la palabra "derecho", generalmente piensan de en términos sociales o políticos o tal vez programas del "bienestar" para los pobres. Déjenme ser claro desde el principio que mi uso de la palabra "derecho" no pertenecen a lo que algunos denominan "abusadores del sistema" o "gente que piensa que el mundo le debe ganarse la vida" o "gente que no quiere conseguir un trabajo".

Por el contrario, la manera en la que estoy hablando del creciente conocimiento de nuestra cultura sobre “el derecho” se refiere a una ausencia total de cualquier sentido de gratitud a Dios.

Esto es todo lo contrario a lo que sabe y cree el verdadero cristiano — es decir, que todo es regalo, más especialmente la vida misma.

Esté creciente conocimiento sobre el derecho se refleja en muchos ámbitos de nuestra cultura. Lo vemos en la firme creencia cultural que mi vida es mi posesión y no un regalo; que la he sacado yo mismo por mi propio esfuerzo; que me merezco todo lo bueno que tengo; que en realidad me debe todo lo que yo quiera; y que tengo el derecho de castigar a cualquiera que me impide obtener lo que deseo. En la última instancia, sin ningún sentido de gratitud, Dios se retira completamente de mi visión del mundo. En efecto, desde una perspectiva distorsionada, ¡Dios debe ser agradecido por todo el trabajo duro y sacrificios que yo he hecho!

Mientras que a propósito he articulado esto de una manera un poco extravagante, creo que muchos de los que leen estas palabras reconocerán este creciente conocimiento del derecho que impregna nuestra cultura. Se revela en nuestra política, daña la vida familiar y lo peor de todo, nos pone en contradicción con el Dios que no siempre responde como nosotros queremos a las demandas que le ponemos a sus pies.

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