¿Qué es correcto o mal?

San Augustine nos dice que es Dios, no nosotros, quien determina eso!

¿Qué es lo correcto o lo malo?

Este es el cuarto en la serie de artículos por el Obispo Weisenburger en “las cinco llagas de secularización” que fueron publicadas durante el “año de fe”. Por el Obispo Edward Weisenburger

"Realmente nos hiciste para ti, O Dios, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti." — St. Augustine

Esta cita es una de mis favoritas. Fue dicha por uno de nuestros grandes santos.  Viviendo en el fin del cuarto y comienzo del quinto siglo, San Augustine fue una luz brillante en los albores de la edad media.  Su madre Santa Mónica, fue una fiel católica  pero San Augustine creció en una manera que pudiéramos describir hoy totalmente secular.

Realmente, él parecía tener poco interés en la fe y religión de su madre.  Él fue bendecido con una superior educación y tenía los elementos para una carera lucrativa, numerosos amigos y bastantes contactos políticos para adelantarse en la vida pública.  Le gustaban las cosas más finas en la vida y como muchos en su época vivió con una mujer fuera del matrimonio con quien engendró a un hijo.

Y sin embargo, a pesar de todas las bendiciones de su vida, había una inquietud bajo la superficie de la vida que pudiéramos describir como una falta de significado, propósito o cumplimiento.  Desemejante a muchos de nosotros, la conversión de San Augustine fue casi espontáneamente. Además, fue solo en su encuentro con Jesucristo  que San Augustine por fin descubrió la alegría, el cumplimento, el propósito y el significado de la vida que él deseaba.

Pero junto con la alegría en conocer a Jesús, Augustine descubrió que no tenía otra opción más de inclinar su voluntad hacia al Señor Resucitado en su forma de vida, ética, y enseñanza moral.  Augustine llego a conocer que no era para él determinar que es de lo bueno o de lo malo, verdad o falso, afirmando  la santidad o prejudicial para  la vida espiritual. No, todo esto está determinado por Dios--- dado a nosotros.

En realidad, Augustine concluye que la humanidad será frustrada e incumplida hasta que abrase al Cristo resucitado y luego se esfuerce para vivir su evangelio de amor.

Al desarrollarse el resto de su vida, Augustine encontraría numerosas dificultades y obstáculos que encontraríamos difícil a imaginar. Sin embargo nada eso pudo sacudir su fe y alegría.

Llego a ser obispo de Hippo en áfrica donde fielmente guió y sirvió a multitudes. Sus escrituras han ayudado a convertir a millones. Pero el corazón de su conversión y  la experiencia de Dios es la verdad simple y perdurable:

Fuimos creados para Dios

No hay sustituto       

Y nuestros corazones están inquietos

Hasta que descansan en Dios

Yo creo que la historia de San Augustine resuena con muchos de nosotros.  Vemos a muchos en el mundo perseguir las cosas que prometen sentido sólo para descubrir que no pueden satisfacernos. Además  nuestra cultura secular hace una de dos cosas con Dios. La primera opción afirma que no hay Dios, diciéndonos que formemos nuestros propios valores, significado y ética. La segunda opción es de hace al Dios de Jesucristo un amigo benévolo para hacernos sentir bien y que aprueba todo lo que queremos, sólo para descubrir en la última instancia que decepciona.

 

 

Los dos caminos nos conducen a una falta de sentido y frustraciones.  La verdad es que Dios nos creó, nos redimió y tiene un plan para nosotros. No hay alegría duradera aparte de una relación con él  que comienza con una conversión interior y luego haciendo esfuerzos para vivir su evangelio.

La lucha fue un reto para San Augustine. Pero, actualmente, no hay seguidor de Jesús que no haya luchado con la verdadera conversión que la vida de santidad requiere. Un ejemplo de un reto, pero redentor, de mi propia vida seria en el ámbito del celibato y sencillez de la vida. Antes de seguir, quiero subrayar que este artículo no pretende ser un anuncio de manta para el celibato o sencillez de vida. Uso este ejemplo porque creo que podría ser útil para una persona hablar de cor ad cor (de corazón a corazón) sobre una experiencia de encontrar gran significado seleccionando un modo de vida cristiana sobre el modo de vida secular y ética. Así que, a la edad de 26 años tomé el voto de celibato. A la luz de un salario limitado y posesiones que viene con ser sacerdote diocesano,  continúe  viviendo una vida bastante sencilla. En ese tiempo yo sabía que esta vida tendría sus desafíos, pero sentí un deseo de dar un don a Dios tan completamente como pudiera. Mientras que no me considero como ejemplo perfecto, quiero expresarle a Dios lo agradecido que estoy por los dones que el celibato y la sencillez se han vuelto en mi vida.

El celibato y la sencillez de la vida son dos de las áreas donde nuestros sacerdotes destacan hoy una manera profética. Nuestra cultura no entiende el celibato y hace ridículo a los que la viven. El mismo juicio se hace a los que voluntariamente adoptan una vida de sencillez por el amor a Cristo y su iglesia. Nuestro mundo secular insiste en el opuesto: resultados significativos solo por medio de las relaciones sexuales y la abundancia del dinero. Al sacrificar los beneficios, emocionales, físicos y económicos que el matrimonio, familia y carrera exitosa puede proporcionar sigue siendo una extraño opción por la mayoría de nuestro mundo secular.

En mi caso, yo he hallado bendiciones y alegría en seguir lo que yo creo es la voluntad de Dios. Quiero notar también, que San Augustine tenía su madre, Santa Mónica rezando por él y animando lo constantemente. Yo también he tenido el aliento y la asistencia de una gran multitud de santos a lo largo de mi vida. Sus vidas me han animado y me mantienen enfocado en el camino hacia Cristo.

Mientras que mi jornada particular ha incluido el celibato y sencillez, yo creo que otros encontrarán el sentido mismo de la redención cuando eligen otros pero igualmente prefecticas formas de vida. Para unos será el matrimonio sacramental. Para otros, será entregándose en amor a su familia o luchando vivir una vida de sencillez en medio de una cultura que exige consumo sin fin, o eligiendo la vida sobre la opción del aborto, o la castidad en vez de promiscuidad, o vida en vez de la venganza de la pena de muerte, y muchos otros ejemplos de cómo cada ser humano debe someter su voluntad personal a la verdad revelada en Cristo Jesús.

Lo que es verdad de San Augustine es verdad de todos nosotros. Cuando encontramos a Jesús, descubrirnos que no hay otra opción más de ordenar nuestras vidas a su voluntad, su modo de vivir, su ética y su enseñanza moral. Nosotros somos los creados no el creador. No es nuestro deber determinar que es buen o malo, verdad o falso, afirmando la santidad o perjudiciales para la vida espiritual.

No, todo esto está determinado por Dios—dado a nosotros. Podemos huir de esa verdad y podemos luchar, lo más posible que podamos, para crear nuestros propios valores, éticas y creencias. Pero si elegimos el paso secular entonces corremos el riesgo de frustración que vemos en mucho de nuestro  mundo occidental.

Al final, San Augustine lo capto bien en su frase: “Realmente nos hiciste para ti, O dios y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en tí?”