Oración es tiempo pasado con Dios—nuestro regalo a Dios

Es solamente cuando el enfoque está en mi, que tengo la tendencia de pensar que nada saco de mi oración. Pero si mi oración es un don del corazón, dado a Dios, entonces no importa cómo me “sienta”.  Pocos pasos en la vida espiritual son tan útiles y necesarios como la realización que la oración es realmente acerca de Dios—enfocada en Dios—y “no todo de mí.”  Quizás, para ser una persona de fe, quiere decir que el don de nuestro tiempo pasado con Dios, es para Dios un tesoro más allá de nuestro entendimiento.

La Tercera Trampa es simplemente las distracciones que hayamos en la oración.  Mientras que esto me preocupaba antes en mi vida, debo admitir que me molesta mucho menos en los últimos anos. A veces, dos minutos en mi oración, me doy cuenta que mis pensamientos se van a los compromisos, los gozos o varios otra asuntos en mi vida. Lo que me doy cuenta es que no necesito luchar en contra estas distracciones agresivamente; lo que necesito es reconocer su compañerismo (no invitado) y ofrecérselos a Dios por el momento y luego regresar a mi oración.

De hecho, si mi oración fuera perfecta, entonces me engañaría pensando que mi oración perfecta a Dios es por medio de mi habilidad, talento o santidad .Mejor, le ofrezco a Dios, con humildad, lo que me parece un don imperfecto de mi tiempo y presencia y luego es Dios que toma lo dado y lo convierte en algo que le trae gloria y gozo.  De vuelta, no puedo dejar que mis distracciones en la oración comprometan mis esfuerzos. La verdad es que Dios me ha amado y ahora yo le debo a Dios el don de mi tiempo.  Si está lleno de imperfecciones, entonces yo confió que él será el que lo hace perfecto.

La Trampa Final es mi creencia que la oración es todo sobre el método— cómo rezo. Esto también es una grande mentira. Los gigantes de la vida espiritual nos enseñan que a Dios no le importa como pasamos el tiempo con él; realmente solo le gusta disfrutar de nuestra compañía. Hay muchos modos de rezar, el más común incluye reflexión en pasajes cortos de la escritura (preferible los evangelios), el rosario, sus oraciones favoritas, libros de oración, o simplemente tiempo en silencio en la presencia de Dios. El método, el modo de rezar, es secundario. Más fundamental es el don del tiempo. Nada puede reemplazar el don de tiempo en la presencia de Dios.

Así que los animo a que dejen cualquier preocupación y denle a Dios un poquito de su tiempo. Si no están acostumbrados a rezar diariamente no hay mejor tiempo para empezar. Si su vida está extremadamente ocupada, llena de responsabilidades, llena de compromisos; entonces yo les sugerido que tomen un temporizador y comiencen con tres minutos en la mañana antes que salgan a sus responsabilidades. Con tiempo se van a dar cuenta que desean más.

Recuerden que al final, lo que hace funcionar en las relaciones humanas, no es diferente a lo que profundiza nuestra relación con Dios. Siempre es el don de nuestra presencia y eso depende en el don de tiempo.