The 5 Wounds of Secularization

Las “Llagas de Secularización” fueron escritas por nuestro Obispo durante Adviento  2012; pero como no teníamos oficina del ministerio hispano, no las habíamos traducido en español hasta a hora.  Estas reflexiones nos da mucho que reflejar sobre todo aquello que nos  impide vivir la vida que Jesús nos a mandado a vivir.

The “Wounds of Secularization” were written by our Bishop during  Advent 2012, but since we did not have an office for Hispanic ministry, we had not translated them into Spanish until now.  These reflections give us much to ponder on concerning all those things that impede us from living the life Jesus called us to live.

Examinando Las Llagas: Una Mirada diferente al Año de Fe”—

 

La llamada del Papa Benedicto XVI al “Año de Fe” es muy oportuna y católicos alrededor del mundo han respondido en varios modos. El Santo Padre nos motivó, en parte, por lo que muchos ven como una crisis de fe con su origino en la secularización.

La oficina de Evangelización de la Diócesis de Salina, bajo la dirección del Padre Steve Heina, comenzó nuestra respuesta, luchando para identificar esas características de secularización que dañan la vida espiritual.

Con tiempo estas reflexiones resultaron en lo que llamamos, “Las Cinco Llagas de Secularización.”  Mientras que no presumimos que nuestra lista es completa, creemos que mucho del sufrimiento en el mundo y mucha de las aflicciones de la vida espiritual se pueden identificar por medio de:

  • El Activismo
  • Materialismo y consumismo
  • Violencia y venganza
  • Individualismo y relativismo
  • Privilegios

Cada uno de estos produce heridas al alma. Es nuestra creencia que luchando en contra de estas tendencias culturales es un modo de ayudar a traer una vida de gracia entre nosotros como también de edificar el Reino de Dios.

 

 

 

 

La Primera Llaga es el Activismo:

La ponemos al frente de la lista porque el comienzo del “Año de Fe” coincide con Adviento. Mientras que la Iglesia celebra Adviento como estación de preparación espiritual para la Navidad, nuestro mundo secular nos empuja a que usemos estas cuatro semanas con acción frenética haciendo compras, asistiendo a fiestas, preparaciones para viajar y programas de todo tipo.

Conocemos que esto se hace con buena intención, pero el objetivo de celebrar el Adviento de Cristo en el mundo, se ha perdido. Comenzamos a ver la condición que la iglesia enfrenta en nuestra cultura. Ofrezco el ejemplo de Adviento no porque es un problema pero más como el modo en que nuestra cultura secular entierra todo aquello que tiene valor por medio del activísimo de la vida.

La verdad es que la voz de Dios es vibrante y viva entre nosotros, pero la silenciamos cuando nos permitimos estar inundados con el activismo de nuestras vidas.  Abraham necesitaba el silencio del desierto para oír la voz de Dios. La escritura y la sagrada tradición revelan esto constantemente en la vida de los patriarcas, profetas, santos y hasta Jesús mismo. No hay alternativa spiritual para el silencio y la sencillez de la vida si queremos crear una relación con nuestro Padre. Podemos sanar las llagas del activismo solo cuando descubrimos de nuevo el gozo de la sencillez--- es decir haciendo menos y descubriendo más, silenciando nuestras vidas para oír la voz de Dios.

La llaga es del activismo. El bálsamo de sanación es la vida sencilla y el silencio que permite la voz de Dios comenzar un conversación con nosotros.

La Segunda Llaga de nuestro mundo secular es el consumismo y materialismo.

Esta violencia al alma es tan vieja como la humanidad misma. La tendencia de juzgar nuestro valor por medio de nuestras posesiones o nuestra riqueza siempre ha estado con nosotros y sigue siendo la raíz de mucha ansiedad y pecado. La demanda excesiva por el dinero y posesiones ha resultado en violencia entre individuos como también en una profunda desconfianza entre naciones.

En nuestro tiempo, solamente tenemos que ver los programas de televisión y del comercialismo que prometen hallar lo que significa la vida y la felicidad en un hogar perfecto, en automóviles, ropa, viajes, entretenimiento o variaos otras posesiones--- es decir,  bienes materiales que prometen mucho pero al final entregan muy poco.

Parece haber creciente evidencia en la neurología, que en algunas personas el hacer compras obsesivas desencadena una reacción química llamada dopmine. El resultado es una adicción real que demanda más y más acumulación. Así que la ciencia confirma el ansió deseo al dinero y consumo de los bienes materiales que es como un dios que nunca es complacido. Muchos en nuestra cultura son como adictos ofreciendo una fuente inagotable de su droga preferida.  Además, aquellos que poseen estos deseos para el dinero y posesiones innecesarias terminan desensibilizados a las necesidades reales de aquellos que sufren gran pobreza.

Ante una derrota tan potente y profunda, estamos enfrentados por las palabras conmovedoras de San Agustín: “Nuestros corazones están inquieto hasta que descansen en ti.” San Agustín nos recuerda que el propósito de la vida, el gozo y el real significado, nunca ha estado en posesiones. Luchando en contra de la pasión cultural para el dinero y sus adicciones al consumismo puede parecer una tarea sobrehumana. Una verdad consoladora es que la gracia de Dios nos capacita para intentarlo.

La llaga secular enfoca nuestras vidas en las cosas que pasan de este mundo, sacrificando las cosas que duran hasta la eternidad. La gracia que sana las heridas se encuentra en la llamada a la sencillez de vida, compartiendo con otros, descubriendo relaciones buenas y correctas con Dios y con el prójimo.

La Tercera Llaga de Nuestro Mundo Secular es la Violencia y la Venganza.

Tengo que hacer una pausa para notar que al escribir estas palabras, la memoria del  pistolero matando a 20 niños y 6 adultos en una escuela primeria, esta dolorosamente fresca en mi mente. Además, en la luz de dos guerras mundiales y numerosos conflictos internacional que mandaron a millones de personas a la muerte violenta, hay aquellos que refieren al siglo 20, como el más violente en la historia humana. A la luz de todos los avances científicos, tecnológicos y de comunicación, nos quedamos asombrados a la resultante violencia y la enemistad entre individuos, comunidades y naciones.

Los avances de comunicación y en el Internet, han sido grandes bendiciones para el mundo. Pero claramente, tiene su lado oscuro. La comunicación humana ha pasado de ser "en persona" a cada vez más aislada en el mundo digital. Esto separa la acción y pensamiento de sus consecuencias  y hace que la violencia sea más fácil para aceptar. Los medios de comunicación y el internet recompensan a las voces más fuertes y los sentimientos más obscuros.

En este ambiente de hipérbole y oído, nuestras palabras parecen ser desprendidas de consecuencia real. El aumento de la intimidación en Facebook nos da un ejemplo perfecto. . . intimidación que trágicamente ha llevado víctimas al suicidio, en algunos casos. Cuando puedo atormentar a otro sin tener que enfrentar las consecuencias  o permanecer fuera de cualquier comunidad que me rinde cuentas, entonces las semillas de acciones destructivas, son sembradas. Además, la violencia engendra violencia cuando pedimos venganza por las acciones que nos atemorizan y nos perturban.

Cómo llama la atención, a la diferencia cuando pensamos que Jesús enfreno violencia con amor, compasión y perdón. Clamando contra la violencia de su propio día, él sabía que el único modo de quebrar el ciclo de venganza era negar su ilusión de justicia.

Un tema relacionado que no puede ser ignorado son las preocupaciones de la sexualidad humana. El dicho “sexualidad y violencia” parecen ser tan ligados en nuestra cultura que es difícil considerar uno sin el otro. Comenzando con la revolución sexual de 1960, nuestra cultura ha dejado de ver los actos sexuales como actos relacionados al amor expresado entre hombre y mujer casados. Es decir, un amor abierto a la procreación que refleja algo de la ley divina sobre la creación misma. En su lugar, comenzamos a ver actos sexuales como pasatiempo recreativo.

Tal enfoque a la sexualidad humana ha resultado en la objetivación de los cuerpos humanos, deshumanizando a las personas, dando una explosión de crímenes sexual en contra mujeres y niñas, y una receptividad emocional a la terminación de la vida en la matriz. Esta vista secular sobre la sexualidad, tan disfuncional y al mismo tiempo tan protegida como un icono de los derechos individuales, ha contribuido enormemente a la violencia tomando raíz más y más firme en nuestra cultura.

 

Para el seguidor de Cristo, parece que tenemos que abordar tan doloroso y difícil tema desde por dentro. La violencia brota dentro del corazón. Paz entre individuos, comunidades y naciones, comenzara solamente cuando la paz crece dentro de los corazones individuales.

 

Debemos hacernos preguntarnos desafiantes: ¿Hemos crecido, también nosotros, desensibilizados a la humanidad de los demás?  ¿Nos hemos aislado y abrazado el amor retórico que nuestra cultura tiene por la violencia y la venganza?  Además, si todo lo que ofrecemos a las víctimas de violencia es repuesta del mundo secular, de “venganza”, entonces ¿realmente les hemos ayudado a sanarse?  ¿Hemos interiorizado la llamada de Jesús para el perdón radical, misericordia, y paz, o se la dejamos a los santos y posible al clero o a las religiosas de nuestra iglesia?  Al hacerlo, ciertamente, abandonamos nuestra dignidad y llamada bautismal.

 

La llaga cultural es la violencia y venganza que deja a su paso un rastro de vidas rotas y almas rotas. El bálsamo de sanación, que dirige la salud humana, como también la vida de santidad, es un espíritu inspirado que rechaza la violencia y acoge el perdón, la misericordia y la compasión.

Nosotros que hemos visto las llagas infligidas por nuestra cultura, creemos que este tema está al centro de la ética de nuestro mundo secular. Básicamente, es una forma radical de existencialismo que mantiene el dicho de que cada ser humano determina sus propios valores.  No hay ninguna verdad objetiva que debemos aceptar, ningún sentido atemporal. Dios no revela lo que es bueno o malo, correcto o un error, verdad o falso. Más bien, yo  determino todas estas cosas para mí mismo y solamente para mí.

Para presumir una verdad eterna, un sentido atemporal para otro aparte de mí es una violencia contra la dignidad del otro. La situación se hace más oscura cuando paramos a considerar que la cultura contemporánea en gran parte se ha divorciado de los 4,000-anos de la ética Judeo-Cristiano. Además, los cristianos, están en gran parte, sin el conocimiento o comprensión de la a enseñanza formal de la iglesia, los documentos conciliares o de los Padres de la Iglesia. El resultado es que muchos han sido echados a la deriva sin un remo en medio de una cultura que dice que los remos no existen.

En su Encíclica Veritatis Splendor de 1993, el Beato Juan Pablo II dirigió muchos de estos temas, concluyendo que bueno y malo pueden ser discernidas (no creados), que el pecado es real y que no hay contradicción verdadera entre la libertad humana y accediendo a la verdad revelada.

Podemos añadir que cuando examinamos la enseñanza formal de nuestra iglesia, como discernida de la Escritura y la santa tradición y cuando reflejamos sobre las grandes mentes de la Iglesia, descubrimos una verdad que no es creada sin no dada--- dada como un gran don del Creador mismo. Lo significado no se crea tanto como se descubre. Una vez revelada nos exige que entreguemos nuestra vida a él.

La llaga cultural es una ansiedad dolorosa cuando nos esforzamos a ser como dios/ a ser un dios—creando nuestro propio sistema de valores y  significados. La sanación espiritual se halla al descubrir a Dios y abrazando la verdad revelada en su hijo Jesús.

La cuarta llaga es el individualismo y relativismo

 

Nosotros que hemos visto las llagas infligidas por nuestra cultura, creemos que este tema está al centro de la ética de nuestro mundo secular. Básicamente, es una forma radical de existencialismo que mantiene el dicho de que cada ser humano determina sus propios valores.  No hay ninguna verdad objetiva que debemos aceptar, ningún sentido atemporal. Dios no revela lo que es bueno o malo, correcto o un error, verdad o falso. Más bien, yo  determino todas estas cosas para mí mismo y solamente para mí.

 

Para presumir una verdad eterna, un sentido atemporal para otro aparte de mí es una violencia contra la dignidad del otro. La situación se hace más oscura cuando paramos a considerar que la cultura contemporánea en gran parte se ha divorciado de los 4,000-anos de la ética Judeo-Cristiano. Además, los cristianos, están en gran parte, sin el conocimiento o comprensión de la a enseñanza formal de la iglesia, los documentos conciliares o de los Padres de la Iglesia. El resultado es que muchos han sido echados a la deriva sin un remo en medio de una cultura que dice que los remos no existen.

 

En su Encíclica Veritatis Splendor de 1993, el Beato Juan Pablo II dirigió muchos de estos temas, concluyendo que bueno y malo pueden ser discernidas (no creados), que el pecado es real y que no hay contradicción verdadera entre la libertad humana y accediendo a la verdad revelada.

 

Podemos añadir que cuando examinamos la enseñanza formal de nuestra iglesia, como discernida de la Escritura y la santa tradición y cuando reflejamos sobre las grandes mentes de la Iglesia, descubrimos una verdad que no es creada sin no dada--- dada como un gran don del Creador mismo. Lo significado no se crea tanto como se descubre. Una vez revelada nos exige que entreguemos nuestra vida a él.

 

La llaga cultural es una ansiedad dolorosa cuando nos esforzamos a ser como dios/ a ser un dios—creando nuestro propio sistema de valores y  significados. La sanación espiritual se halla al descubrir a Dios y abrazando la verdad revelada en su hijo Jesús.

 

La Llaga Final de nuestra cultura es el crecimiento sobre “el tener derecho.”

Muchos creen que esto es, quizás, el más insidioso de todos los asaltos contra nuestra vida de fe. Este sentido de tener el derecho, refleja claramente la creencia que mi vida no es un don, que no hay Dios al quien le debo gratitud; yo merezco todas las cosas buenas que tengo porque me las deben a mí y  tengo el derecho de castigar a cualquiera que me impide todo lo que yo deseo.

Mientras que yo he articulado esto de una manera un poco extravagante, creo la mayoría que lean estas palabras van a reconocer este aspecto de nuestra cultura. Penetra nuestra política, daña a nuestras familias y nos pone en contra de nuestro Dios que no responde a las demandas que ponemos a sus pies.

Enfrentados con esta llaga, la iglesia nos recuerda que la actitud de agradecimiento y de dar gracias a Dios es fundamental en la vida espiritual. Esto se refleja en el uso, en la iglesia, de la palabra la eucaristía, una palabra que literalmente significa “la acción de gracias.” Nadie puede acercarse dignamente a Dios sino reconoce primeramente, que la vida misma es un don y que las primeras palabras a Dios deben siempre ser palabras de gracia y de gratitud.

Además, aquellos que reflexionan sobre las escrituras, como también sobre la vida de los santos, no pueden más que concluir que el agradecimiento debe perseverar incluso en medio de dificultades y sufrimientos. La parábola de Jacob, como también la escritura de Isaías, de San Pablo y hasta los ejemplos de la pasión de Jesús revela esta verdad eterna. Desde allí podemos reconocer que las numerosas bendiciones de la familia, amistad, amor, posesiones, libertad, etc, son todos dones líberamente dados por el Creador. Ninguno es nuestro por derecho.

La llaga sobre el tener derecho, puede muy fácilmente ponernos en contra de Dios y del prójimo. El bálsamo de sanación es la gracia de reconocer que somos guardadores de todo lo que tenemos, incluyendo el don de la vida misma.

Nosotros, aquí en la Diócesis de Salina seguimos pidiendo por la gracia de Dios para sanar las llagas que hemos nombrado. El punto clave es reconocer y nombrar las llagas de secularización. Si no, siempre vamos a seguir luchando en contra de lo que no solamente es malo sino nebuloso. Pero reconociendo las llagas es el primer paso. Un repaso breve sobre la Sagrada Escritura, la tradición sagrada y la escritura del Santo Papa, todo revela que la verdadera sanación de estas llagas es una relación con Jesucristo.

Además, mientras que nuestra respuesta a las llagas de secularización es crítica, la sanación no comienza con nosotros. En cada instante, es siempre Dios que comienza la conversación, llamando nos a una unión con él. La vida de la gracia comienza con la llamada de Dios, está capacitada por la gracia de Dios y encuentra cumplimiento en que se compartecon los demás.

Así como las llagas se han hecho claras, también la sanación verdadera,  es siempre y para siempre una relación alegre y vivificante con Cristo Jesús.